La Familia

Preguntas frequentes sobre la familia

¿CÓMO SABER SI PADECE UN TRASTORNO PSIQUIÁTRICO QUE REQUIERE TRATAMIENTO?

Es necesario acudir a un buen especialista clínico con experiencia como los que componen CiPS.

La ausencia de delimitación precisa entre los trastornos psiquiátricos y las reacciones desencadenadas por el dolor y el sufrimiento diarios, hace difícil diagnosticar a todas aquellas personas que han padecido algún síntoma psiquiátrico leve. Esto exige ajustarse a los criterios diagnósticos antes de tratar al paciente. Una dificultad es la falta de diagnóstico, ya que tres cuartas partes de las personas que padecen un trastorno psiquiátrico que requiere tratamiento nunca piden ayuda. El caso contrario (de abuso de diagnóstico o sobre diagnóstico) es mucho menos común, y afecta fundamentalmente a personas hipocondríacas. Todas las dudas al respecto pueden; aclararse con una consulta al especialista, sin que esto suponga la necesidad de tratamiento.

¿CUÁL ES LA CAUSA DEL TRASTORNO?

La mayor parte de los trastornos psiquiátricos parecen tener en su base una cierta vulnerabilidad genética  y una determinada interacción con el medio ambiente, (al igual que ocurre con enfermedades como la diabetes, el cáncer, etc.)

Con los avances en neurociencias, técnicas de neuroimagen y genética, el próximo reto científico es determinar qué genes están implicados en los diferentes trastornos y saber cómo ejercen su influencia. Esta búsqueda permitirá encontrar tratamientos y métodos de prevención más efectivos y específicos.

¿QUIÉN ES “RESPONSABLE” O “CULPABLE” DEL TRASTORNO PSIQUIÁTRICO?

Nunca se debe culpar o estigmatizar a las personas por su enfermedad;; además de carente de fundamento, es contraproducente para ellas. No hay que confundir, sin embargo, la ausencia de culpabilidad del paciente psiquiátrico con la falta de responsabilidad ante un comportamiento criminal o inmoral. En ocasiones los pacientes con problemas psiquiátricos tienen que hacer grandes esfuerzos para controlar sus impulsos y evitar ciertos comportamientos.

¿QUE PUEDE HACERSE PARA MEJORAR LA SITUACIÓN?

Adquirir toda la información posible acerca de la enfermedad que padece y así tener el mayor control posible sobre la situación.

Acudir a un psiquiatra que informe e instruya al paciente sobre su enfermedad y le explique las diferentes opciones terapéuticas.

Mejorar el conocimiento de uno mismo, dedicando el tiempo y los esfuerzos necesarios a esta tarea.

Muchos de los trastornos tienen un curso crónico o recurren con frecuencia. Hay que disponer de una visión de la enfermedad a largo plazo y no interrumpir bruscamente el tratamiento ante una mejoría temporal (que generalmente conduce a la recidiva en pocos meses). Las mejorías se consiguen habitualmente de forma progresiva. El deseo de cambiar y el trabajo individual al respecto son, generalmente, más importantes que la mera asistencia a las sesiones terapéuticas.

Una vez que el paciente se encuentre bien, deberá seguir con la medicación durante un tiempo variable según la patología que padeciese (meses, años o incluso de por vida); tendrá que acudir a su terapeuta con una regularidad prefijada para prevenir recaídas y controlar la medicación; y tanto él como sus allegados han de estar alerta ante la aparición de signos precoces de recurrencia.

La duración e intensidad del tratamiento dependerá del tipo de enfermedad, de su duración, de la frecuencia previa de episodios y del riesgo de recurrencias, frente al coste y; la dificultad para prevenirlas. Los siguientes principios generales de higiene mental mejoran el pronóstico de cualquier trastorno:

Evitar el uso de drogas (responsables de muchas recaídas).

Tener horarios regulares de trabajo, ocio y de sueño.

No someterse a un estrés excesivo.

Disponer de tiempo para uno mismo y para los seres queridos.

Cumplir la medicación prescrita.

¿DEBE EMPEZARSE EL TRATAMIENTO AHORA O PUEDE ESPERAR?

Múltiples estudios han demostrado que el tratamiento precoz (antes de que los síntomas modifiquen profundamente la forma de vida) obtienen respuestas más rápidas y completas, reduce el riesgo de recaídas, y mejora el pronóstico. Sólo se esperará en caso de síntomas muy leves, ambiguos o relacionados con estrés transitorio. Hay que considerar que entre la primera visita y los resultados del tratamiento farmacológico suelen transcurrir algunas semanas.

¿QUÉ DEBEN SABER LA FAMILIA, PAREJA, AMIGOS O COMPAÑEROS DE TRABAJO?

Es una pregunta difícil sin respuesta única. Se enfrentan siempre en este punto la necesidad de ser exactos, sinceros y honestos con la de proteger la privacidad y al riesgo de encontrarse con prejuicios negativos del oyente hacia los problemas psicológicos. Se debe actuar según el contexto y el criterio personales.

Se debe confiar y pedir ayuda prácticamente siempre a la familia, a menos que no exista relación o sea un problema muy trivial o transitorio. Normalmente las reacciones más gratas y; acogedoras serán las de los familiares. Como el soporte familiar acaba siendo necesario, hay que informar a; los familiares antes o después.

Qué contar a los amigos depende de la intimidad, de la duración y del tipo de relación. El aislamiento social es una desagradable consecuencia de los problemas psiquiátricos, evitable con amigos comprensivos y colaboradores.

A la pareja (sobre todo la pareja nueva) debe ser informada progresivamente de un modo conforme al grado de intimidad desarrollado (al igual que se haría con cualquier otra enfermedad). La reacción de la pareja es crucial para seguir adelante con la relación.

En el trabajo, la decisión de comunicarlo o no depende sobre todo del enfermo. Podrá evitar así posibles problemas futuros y sentimientos de deshonestidad. Si el problema psiquiátrico afecta al trabajo y la empresa no dispone de programa de asistencia a empleados, la actitud estará claramente influenciada por la relación con el jefe. Suele ser mejor dar a conocer el problema y no arriesgarse a dar la imagen de perezoso e irresponsable. En cualquier caso, se podrá recurrir al consejo del terapeuta y a su experiencia en casos similares.

¿CÓMO DECIDIR EL TRATAMIENTO MÁS ADECUADO?

Para la mayoría de los trastornos psiquiátricos existen varios tratamientos efectivos y puede (razonablemente) elegirse el que más encaje con las necesidades, requerimientos, preferencias, y economía de cada paciente. En caso de que un tratamiento resulte ineficaz siempre suele haber una o varias alternativas de tratamiento, que permiten encontrar el tratamiento idóneo y eficaz para cada paciente. Esta gran diversidad, conlleva en ocasiones una difícil elección entre diferentes opciones:

La psicoterapia frente al tratamiento médico

Cuando las dos opciones sean eficaces se aconseja elegir según la severidad y urgencia del problema:

En síntomas leves a moderados y cuando la situación no es urgente, es conveniente empezar con psicoterapia. Si no hay mejoría en uno o varios meses se añadirá medicación.

En síntomas moderados a severos o en las situaciones urgentes, la medicación empezará de inmediato, normalmente junto a la psicoterapia.

¿QUÉ TIPO DE PSICOTERAPIA ELEGIR?

Es mejor que el terapeuta sea flexible y use todas las técnicas disponibles (cognitiva, conductual, psicodinámica e interpersonal) y que no siga; estrictamente una de ellas. Para muchos problemas la terapia cognitivo-conductual es útil, pero es más eficaz si el terapeuta es consciente de los conflictos psicológicos, de las relaciones personales y del entorno que rodean al paciente.

¿QUÉ MEDICACIÓN ESCOGER?

La gran diversidad de fármacos existentes para cada trastorno, y la engañosa clasificación de los medicamentos para los profanos (por ejemplo, los denominados “antidepresivos” también se usan en las crisis de pánico, trastornos obsesivos compulsivos, enuresis, insomnio y trastornos de alimentación), pueden hacer que su elección parezca desconcertante. Aunque siempre deben ser prescritos por un médico, es fundamental que el paciente conozca cómo actúan y cuáles son los efectos secundarios más comunes. Si la primera elección terapéutica no ha sido efectiva,; habrá que probar otras alternativas hasta encontrar la respuesta adecuada.

La elección se ve influenciada por los posibles efectos secundarios, pero estos no deben ser una razón para dejar de tomar la medicación (puesto que a dosis más bajas o con otras pautas se pueden reducir) sin consultar con el médico.

¿CÓMO CONECTAR CON EL CLÍNICO ADECUADO?

En el caso de que el paciente pueda elegir el clínico que se hará cargo de su caso, habrá de considerar la competencia profesional del clínico y la empatía (la “buena química”) que genera su relación con él. La empatía de la relación entre médico y paciente suele ser un predictor de buenos resultados por lo que, en algunos casos, puede ser aconsejable entrevistarse con más de un clínico antes de elegir el que le trate finalmente.; La competencia profesional es más difícil de determinar por el usuario. Existe un número creciente de disciplinas profesionales que ofrecen tratamiento para los problemas psiquiátricos, con una competencia muy variable entre ellas. Pueden ayudar al respecto, por ejemplo:

Pedir recomendaciones al médico de cabecera o a otros médicos, a asociaciones profesionales y grupos de ayuda de pacientes o a pacientes atendidos con patología similares.

Expresar las dudas o los preguntas que se tienen en la primera entrevista y juzgar su destreza por la precisión, claridad y sencillez de las respuestas contrastadas con otras fuentes de información disponibles ( opinión de otros clínicos, literatura científica, literatura de calidad en internet, etc.).

La medicación tiene que estar siempre prescrita por un médico habitualmente psiquiatra o de atención primaria. La mayoría de los médicos de atención primaria tiene cierta práctica en algunas enfermedades mentales menores aunque, dada su formación, puede encontrarse mucha variación de un profesional a otro. Hoy todos los psiquiatras (excepto acaso algún caso aislado que se dedique exclusivamente a la práctica de la psicoterapia) están suficientemente familiarizados con el uso de psicofármacos; y son capaces de individualizar cada tratamiento (tanto en la elección de los psicofármacos como en la dosificación) para adaptarlo mejor a las necesidades del paciente. De este modo puede minimizarse la aparición inicial de efectos secundarios o la posibilidad de recibir una dosis insuficiente como ocurre al utilizar dosis estandarizadas. Los psiquiatras también tienen más experiencia en potenciar los efectos de un fármaco añadiendo otro y son capaces de incorporar estrategias psicoterapéuticas al tratamiento. Por todo lo anterior es aconsejable que, salvo en casos muy sencillos, sea un psiquiatra quién se hace responsable de la prescripción y del control de los psicofármacos en los trastornos psiquiátricos.

¿CÓMO ELEGIR A UN PSICOTERAPEUTA?

En primer lugar hay que tener en cuenta la titulación del psicoterapeuta. Normalmente, los psiquiatras y los psicólogos tienen mayor experiencia que otros profesionales pero algunos tratamientos psicoterapéuticos específicos pueden ser llevados por profesionales con otras titulaciones debidamente cualificados para los referidos tratamientos (algunos psicoanalistas, por ejemplo, pueden no ser médicos ni psicólogos; algunos trabajadores sociales son terapeutas de familia eficaces, etc.). Antes de embarcarse en una psicoterapia definida, la opinión de un psiquiatra clínico general acerca de la utilidad de esa técnica en su caso concreto y la idoneidad de un psicoterapeuta dado (si lo conoce) puede ayudar mucho para acertar en la decisión. Después, la regla de la empatía entre paciente y terapeuta es también válida para escoger a un terapeuta. Cada psicoterapia tiene un proceso temporal previsible que es muy variable en función de la técnica; cualquier duda al respecto ha de plantearse al profesional que atiende el caso. Puede estar indicada la opinión de un segundo profesional independiente si hay de dudas acerca de la marcha de un tratamiento.

¿DEBE LA FAMILIA PARTICIPAR O QUEDARSE AL MARGEN DEL PROBLEMA?

Los síntomas psiquiátricos crean tensión y falta de entendimiento en el entorno familiar. Es fundamental no culpar al paciente de su enfermedad a pesar de la dificultad que supone convivir con una persona que padece un problema psiquiátrico. Para sobrellevar la enfermedad en la familia es esencial la información y educación; sobre el problema. De este modo se evitan muchos malentendidos y; reproches y se corrigen actitudes familiares que pueden complicar la evolución. Lo ideal es que cada miembro de la familia participe y ofrezca apoyo bajo la dirección del profesional que atiende el caso y con el consentimiento del paciente. Para ello es aconsejable que la familia participe en algunas sesiones con el terapeuta y reciba información acerca del tratamiento y de cómo pueden contribuir a los buenos resultados del mismo. Por el contrario, algunas psicoterapias individuales (sobre todo las de tipo psicoanalítico) requieren que familiares y allegados se mantengan al margen del proceso.;

¿CÓMO PUEDE AFRONTAR EL PACIENTE SUS SÍNTOMAS Y LAS CONDUCTAS Y LOS SENTIMIENTOS QUE LE PROVOCAN?

Una vez que se ha recibido un diagnóstico de manera válida y fiable, la mejor actitud es la de aceptar la existencia de un trastorno o enfermedad. El paso siguiente es conocer el pronóstico y el tratamiento del mismo e iniciar con dirección las tareas capaces de limitar las complicaciones y de minimizar el impacto de la enfermedad en la biografía y de facilitar la adaptación a las secuelas que –en su caso- se produzcan.

Asistir a un grupo de autoayuda puede ser muy útil al enfermo y a su familia: es una forma de ver que hay más personas con el mismo problema y de no sentirse solos al afrontarlo.

El primer grupo de autoayuda fue Alcohólicos Anónimos, al que siguieron otros para otras adicciones a sustancias de abuso, para problemas sexuales, problemas con el juego y otros. Hoy existen muchas asociaciones de autoayuda para pacientes psiquiátricos en general y para patología en particular. Las organizaciones de apoyo han conseguido enormes progresos ayudando, por ejemplo, a pacientes con retraso mental, esquizofrenia, trastornos afectivos,; adicciones, trastornos de la alimentación, etc.; Muchos de estos grupos han adquirido una influencia creciente en la escena política en la que consiguen beneficios y recursos, tratan de reducir la discriminación y de estimular la búsqueda de tratamientos eficaces junto a otras organizaciones profesionales. Muchas organizaciones de autoayuda proporcionan información escrita y por Internet de los trastornos que atienden y los recursos que existen para ellos.

¿QUÉ HACER CUANDO UN PACIENTE RECHAZA LA ATENCIÓN O TRATAMIENTO QUE NECESITA CON TODA PROBABILIDAD?

Cuando el trastorno mental que padece la persona es peligroso para sí mismo (suicidas o personas gravemente incapacitadas) o para los demás, la ley permite el tratamiento involuntario. Cada distrito tiene un juzgado especial en el que los familiares pueden plantear el caso.; Dado que el tratamiento involuntario restringe la libertad de los pacientes hospitalizados los pacientes sometidos a este régimen tienen que estar aprobados por una comisión judicial “ad hoc” y los pacientes tienen derecho a recurrir ante ella u otras instancias legales oportunas. Actualmente la hospitalización no puede ser indefinida, teniendo que ser manifiestos los beneficios del tratamiento dentro de un período de tiempo definido. En algunos casos graves crónicos e inmanejables los familiares y la administración pueden solicitar trámites de incapacitación y de tutela.

¿CUÁNDO Y CÓMO DEBE SOLICITARSE EL TRATAMIENTO INVOLUNTARIO DE UN FAMILIAR?

Cuando la persona enferma no puede reconocer su necesidad de recibir tratamiento debido a la pérdida de contacto con la realidad por su enfermedad, la solicitud de ingreso debe ser planteada por un familiar o allegado. En España, una vez aceptada la solicitud por el juzgado correspondiente, el paciente debe ser examinado por un médico designado por dicho juzgado que debe confirmar la necesidad de hospitalización antes que el paciente sea ingresado. En caso de urgencia el proceso puede invertirse y el médico que atiende la guardia de psiquiatría del hospital de referencia está facultado para ingresar a un paciente en contra de su voluntad siempre que envíe notificación al juzgado en 24 horas. El juzgado confirmará o no la legalidad del ingreso en 72 horas más.

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